| Soy corto, ¿y qué? |
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| domingo, 08 de enero de 2006 | |||||
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Pues sí hay que admitirlo. Soy una de esas personas pequeñitas, de esas que no llegan al 1,70 (pero por poco ¿eh?, que los del bombero torero aún no han solicitado mis servicios). Esto de ser corto (o recortaíto que diría el Fary) normalmente no tiene demasiados problemas, además en ocasiones ayuda a pasar desapercibido, lo que teniendo en cuenta mi personalidad introvertida y tímida es una ventaja. El problema viene cuando te quieres comprar ropa. Y es que, poseído de la furia consumista que se desata en las rebajas me lancé a comprar un chándal. Desde hace unas semanas he retomado la sana costumbre esa de torturarse una horas en aparatos imposibles, he vuelto al gimnasio. Y como me faltaba un chándal decente para completar mi uniforme de chico corto pero bien sanete, me recorrí un montón de tiendas de deporte buscando tan extraña prenda. Digo extraña porque oh sorpresa, las tiendas de deporte ya no tienen chándals. Joder, pues si que hacía tiempo que yo no hacía deporte, cómo cambia el mundo. Ahora parece que se vende el chándal y la sudadera por separado con lo que el sablazo es doble. Plegándome a las exigencias del mundo consumista me puse a mirar los pantalones que es lo que más prisa me corría. Y ahí es cuando todas las frustraciones del ser cortito afloran como las alergias en primavera. Uno ve unos pantalones de esos molones, con los que soñó el día anterior, rebajados (eso sí, un mísero 10%), de un color monísimo y de un tacto tan agradable que provoca erecciones. Sin embargo cuando uno lo descuelga de la percha y se acerca el pantalaón a su cintura, cual mujer deciendo qué ponerse, se da cuenta de que más de medio pantalón se arrastra por el suelo. Como uno es optimista por naturaleza, y practicando la sana costumbre del autoengaño, me dirigí a los probadores pensando que una vez puestos, los pantalones mermarían o yo crecería los 20 cm que me hacen falta para jugar a baloncesto en condiciones.
Y es que me jode que la pierna de la talla S tenga la misma longitud que la de la XXL. No se si los ejecutivos de las filiales españolas de las grandes marcas deportivas se dan cuenta de que Spain is different y que todavía quedamos mucho retacos con un poco de diginidad y ganas de hacer deporte. Y no sólo hacer deporte, porque el chándal es la prenda obligada en días de resaca y después de una comilona. Menos mal que ya al borde de la desesperación encontré un chándal ¡sí!, que en lugar de tallar S, L, XL y XXL presuponiendo que todos somos bastardos de Romay, marcaba la longitud del pantalón. Esa etiqueta con un 1,68 fue lo mejorcito del día. Y ya tengo chándal :)
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